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martes, 7 de febrero de 2017

Las ventajas de ser migrante

¿Ventajas? Sí, leíste bien, ventajas. Pero antes de entrar de lleno al tema, quiero curarme en salud (un disclaimer como también se dice). En los últimos meses los medios de comunicación, los políticos, los empresarios, nuestro presidente, los millonarios, los artistas, los ciudadanos… en fin, todos, hemos dedicado nuestra atención en mayor o menor medida, a lo que se amenazó primero y que se cumplió después: iniciativas en contra de los inmigrantes en Estados Unidos.

También pasamos de los comentarios de sobremesa y las discusiones con colegas y amigos tanto en persona como por vía remota (léase redes sociales) a expresiones más intensas como acudir a una marcha de protesta. Aún me cuesta trabajo poder calificar el nivel de efectividad (y de involucramiento por supuesto) que representa poner en nuestro perfil de WhatsApp una bandera mexicana o cantar el himno nacional durante un partido de futbol, pero también contamos con este tipo de acciones.

El rechazo a estas medidas norteamericanas es casi unánime no solo en México sino en muchas naciones que se ven afectadas, sobre todo (obviamente) aquellos países que envían voluntaria o forzadamente a miles de sus ciudadanos a ese lugar emblemático y defensor del mundo libre en donde todos se pueden expresar y además pueden emprender (antes le decían el sueño americano, aunque para muchos ha sido una pesadilla). 

El inconveniente que yo veo de todo este rechazo es que también va acompañado de temor. Los gobiernos, los artistas, los dreamers, los migrantes (sobre todo ilegales), los parientes de los migrantes, los defensores de derechos humanos, los economistas y los activistas tienen miedo de lo que vendrá después, aunque no saben a ciencia cierta cómo será la nueva situación. Es un temor que roza la terribilitis o tendencia a decirse que cualquier adversidad es terrible, lo que hace más dañino su efecto. Hasta aquí lo de “curarme en salud”.    

Existen dos formas de enfrentar los problemas: con una buena o con una mala actitud. Hay también dos maneras de asumir los retos que se nos presentan: con intensa proactividad o con simple resignación (entendiendo al reto como un desafío y por lo tanto un estímulo a la acción). Y finalmente cuando llega el momento de asumir las consecuencias por haber tomado una decisión difícil cuando no contamos con otras opciones, lo hacemos con una sonrisa y echados para adelante o a regañadientes y vociferando maldiciones constantemente.

Una de esas decisiones difíciles es precisamente la migración, solo que en este tema desafortunadamente también existen dos posibilidades: migración voluntaria o migración forzada. Si elegimos cambiar nuestro lugar de residencia porque tendremos un nuevo empleo o por razones de estudios, dicho cambio puede resultar bastante llevadero al evaluar el beneficio final que puede traducirse en mejorar nuestra economía y nuestras capacidades. Ahora bien, cuando nos vemos obligados a abandonar familia, amigos y casa porque no existe otra opción para salir a flote, definitivamente tenemos que echar mano de toda nuestra voluntad y ánimo para no derrumbarnos.

La repatriación es exactamente igual a lo descrito solo que en sentido inverso: de regreso a nuestro lugar de origen. Y es aquí en donde encuentro las ventajas de ser migrante “repatriado”, aunque es solo el comienzo de esta emocionante aventura (sí, emocionante por tantos estados de ánimo que se presentan). Me explico. A nivel mundial existe una búsqueda permanente por mejorar las competencias profesionales, particularmente de los jóvenes universitarios y con ello incrementar sus posibilidades de encontrar un mejor empleo.

Estas competencias abarcan desde la formación académica, el aprendizaje de otro idioma y las prácticas universitarias hasta el involucramiento del joven en proyectos de cooperación. En la Unión Europea los jóvenes universitarios que deseen vivir por primera vez en un país extranjero buscan ser apoyados con una beca que les ayude a conseguir los fondos mínimos necesarios para su hospedaje y parte de su manutención. En México es el Instituto Mexicano de la Juventud el responsable de administrar este tipo de apoyos.

Solo que como ya lo mencioné, estas ayudas son fundamentalmente para jóvenes universitarios, lo que deja fuera a un gran número de personas que no tienen esta edad ni desarrollan una actividad estudiantil. Y es aquí en donde quiero equiparar las competencias que se pueden adquirir en el extranjero de manera voluntaria (becas) con aquellas que se obtienen de manera no tan voluntaria (emigrando) pero que en definitiva ambas permiten mejorar las opciones de empleo o autoempleo cuando se regresa al país de origen.

¿Cómo es el perfil del migrante mexicano que regresa a México? La respuesta no es sencilla ni muy exacta pero existen algunas aproximaciones que pueden ayudar a evaluar mejor las posibilidades de reinserción laboral para quienes se encuentran en esta situación. Si revisamos en detalle el trabajo de investigación Perfil laboral de migrantes mexicanos deportados e inserción laboral en México basado a su vez en la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (Emif) correspondiente a 2014, veremos que, contrario a lo que pueda suponerse, quienes regresan a México lo hacen en condiciones muy similares a las que viven aquellos que no han salido del país (la conclusión es mía).

De los que regresan, un 87% tiene entre 15 y 40 años de edad (emigran jóvenes y regresan jóvenes), el 47.6% cuenta con secundaria y un 88% tiene experiencia laboral (en la construcción y preparación de alimentos primordialmente). De la Población Económicamente Activa (PEA) que reside en nuestro país, el 74% tiene entre 15 y 40 años, el 37.31% cuenta con secundaria y un 89% tiene experiencia laboral de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del 4to. Trimestre del 2014.

Como podemos observar, la mayoría de quienes retornan a México superan en proporción de estudios y juventud a quienes no emigraron, con una ventaja adicional: la cuarta parte de los migrantes tiene conocimientos de inglés. Nuevamente es complicado tratar de establecer de manera precisa el nivel de dominio del idioma de parte de los mexicanos así que solo podemos establecer aproximaciones.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) afirma que solo el 5 por ciento de la población en México habla inglés, y en la Emif mencionada se aprecia que de los migrantes que regresan a México, el 27 por ciento tiene conocimientos de este idioma. Y si esto no fuera suficiente, la gran mayoría de los migrantes que he podido conocer, regresan a su tierra con una mentalidad muy distinta de la que tenían al marcharse, me atrevo a decir que casi aguerrida en temas de emprendimiento principalmente.

Un dato más. No todos los migrantes llegan a Estados Unidos cruzando el desierto o nadando por el Río Bravo, más de la mitad eluden a las autoridades migratorias efectivamente por la frontera con México, en cambio los demás ingresan legalmente, pero infringen los términos de sus visas de visita al quedarse a trabajar o al no regresar a sus países. Además existen migrantes voluntarios temporales, se les podría identificar como “mojados de lujo” ya que regularmente son jóvenes que viajan al extranjero para ganar unos dólares (o euros) y regresan a casa para disfrutarlos.

¿Cómo podemos solidarizarnos con nuestros hermanos migrantes que están de regreso? Tratándolos como personas afortunadas y no como fracasadas. Me parece que son excelentes candidatos para conseguir un buen empleo o mejor aún, para convertirse en empresarios así que quienes deberíamos “preocuparnos” somos los que seguimos aquí. Nuestra solidaridad podría reducirse simplemente a abrocharnos un seguro (sí, de los que son para la ropa) en algún lugar visible para mostrarle al mundo que somos aliados "seguros" en contra de la violencia nacionalista y racista. Que cada quien decida y espero también tu decisión para comentar sobre este post.

martes, 20 de diciembre de 2016

En México ¿somos o no somos emprendedores?


De acuerdo con el GEM (Global Entrepreneurship Monitor), sí lo somos, específicamente afirma que tenemos un creciente nivel de actividad emprendedora. Bien por nosotros ¿verdad? Solo que antes de echar las campanas al vuelo es importante revisar con mayor detenimiento los distintos aspectos que abarca esta actividad emprendedora y sobre todo en qué condiciones se está emprendiendo en nuestro país, para que podamos valorar en su justa dimensión los esfuerzos emprendedores.

Desde su nacimiento en 1999, el GEM estudia el emprendimiento desde una perspectiva integral y publica un reporte anual muy detallado con sus conclusiones. En futuras publicaciones podremos analizar algunas perspectivas específicas que contiene este reporte sobre el emprendimiento mexicano, regional (entendiendo región como Latinoamérica) y mundial.

¿Cómo se define a un emprendedor? A lo largo de los últimos 80 años, podríamos encontrar numerosos autores y amplios trabajos que exponen su propia concepción de un emprendedor por lo que considero innecesario retomar esa tarea o extenderla con una discusión sobre cuál definición es la más adecuada, así que me quedo con lo que establece la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE): “los emprendedores son aquellas personas (dueños de negocios) que buscan generar valor a través de la creación o expansión de la actividad económica, identificando y explotando nuevos productos, procesos o mercados”.

El Reporte Nacional 2015 México elaborado por el GEM explica que “en México, el 45% de la población adulta asegura percibir oportunidades para iniciar un negocio, el 46% considera que tiene las capacidades para hacerlo. Sin embargo, únicamente el 19% tiene intenciones de iniciar un negocio en los próximos tres años. La diferencia puede estar influenciada de manera importante por el hecho de que el 36% de los mexicanos dicen tener miedo al fracaso”.

Un emprendedor busca identificar potenciales oportunidades y al hacerlo, asume un riesgo. El miedo al fracaso está relacionado con el miedo al cambio, a enfrentarse con lo desconocido. Y este temor por lo visto ha ido en aumento entre los mexicanos si comparamos los datos del reporte de 2010 en donde el miedo a emprender era del 33% de los adultos. Un 65% se consideraban con las capacidades para emprender y un 29% eran los motivados para participar en la actividad empresarial.

Curiosamente desde ese mismo año 2010 la Tasa Total de Emprendimiento subió del 10 al 27% en 2015, es decir, como apunta el GEM nuestra actividad emprendedora es creciente en este país, pero mucho emprendimiento mezclado con inseguridad personal y miedo al fracaso nos da un resultado poco deseable: en 2010 el 3.1% de la población adulta dejó de operar un negocio propio en el último año, en 2015 fue el 4.9%.

De nueva cuenta se confirma que la iniciativa (emprendimiento) debe ir acompañada de la determinación (seguimiento y continuidad). Y de paso, mi percepción personal es que en México somos excelentes seguidores de todo lo que se pueda seguir aunque no sepamos a ciencia cierta por qué lo seguimos. México ocupa el tercer lugar a nivel mundial de consumo de video en YouTube, el quinto lugar en usuarios de Facebook y el cuarto lugar en el uso de WhatsApp.


Desde antes de 2010 en nuestro país se ha intensificado la promoción del emprendimiento no como una verdadera vocación sino como una necesidad ante situaciones de desempleo o empleos en condiciones desfavorables. Primero Pepe y Toño y luego Ana y Mary desde 2011 invitan también al emprendimiento de forma muy motivadora, con “casos de éxito” y mucha publicidad masiva pero sin especificar clara y detalladamente el “cómo”, el “por qué” y el “para qué” emprender. Debemos asumir que comenzar una empresa implica conservarla y mejor aún, hacer que crezca. Eso lo veremos en una futura publicación, mientras tanto, deja en ésta tu comentario. 

martes, 6 de diciembre de 2016

Entre lo posible y lo probable

La historia del ser humano, al menos la que se consigna en libros, contiene  relatos casi fantásticos de hombres y mujeres soñadores que con su determinación trascendieron a su época dejando para la posteridad su legado de conocimiento y logro, o quizás de necedad y fracaso, pero legado al fin.

Los emprendedores (actuales y de antaño) utilizan a esos héroes como ejemplo de vida para forjar sus propios sueños y trazarse metas, que aun cuando buscan emular esas grandes hazañas, desafortunadamente en la mayoría de los casos construyen castillos en el aire que al intentar llevarlos a la realidad solo consiguen frustración, desánimo y alguna pérdida económica.

¿Es posible crear una empresa como Google, Uber, Coca-Cola o Microsoft? Sí, por supuesto. ¿Es probable que suceda? Sí, pero dicha probabilidad es brutalmente pequeña. Después de todo, por eso existen un solo Google, Uber, Coca-Cola o Microsoft. Es cierto que hay otras empresas similares (llamémosles competencia) en sus respectivas industrias pero no superan la docena, es decir, nuevamente las estadísticas nos hablan de muy pocos actores.

Pero amigo lector, antes de que vayas a concluir que estás leyendo los lamentos de un pesimista empedernido, te pido un poco de paciencia pues en realidad lo que busco es completamente lo opuesto: contribuir a la creación de buenas empresas siempre y cuando sus dueños sean ante todo, realistas.

Por eso el título de este post. En el mundo real, y más específicamente en los negocios reales, no basta con tener una prodigiosa una idea de negocio innovadora para alcanzar la gloria, o al menos un éxito medianamente satisfactorio. Sí, todo comienza con una idea pero debe secundarse con prototipos, análisis rigurosos del mercado, propuestas de valor rentables, gestión del negocio adecuada, finanzas saludables, clientes fieles y una comunicación impecable con nuestros colaboradores, por lo menos.

Recordemos la famosa Plegaria de la Serenidad del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr (atribuida erróneamente a San Francisco de Asís o al Grupo de Alcohólicos Anónimos entre otros): “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”. Más allá de asuntos religiosos, me parece que este verso abona a la temática inicial pues nos habla de lo posible (lo que podemos cambiar) y lo probable (lo que somos capaces de cambiar).

Cuando diseñes tu empresa, no lo hagas con el objetivo de alcanzar las estrellas (ninguna de las empresas mencionadas lo hizo) porque si no lo logras (cosa muy probable) seguramente querrás desistir. Es mejor que te propongas metas más alcanzables y cuando lo logres, plantéate nuevas metas. Te aseguro que llegarás más lejos de lo que hoy te imaginas. 

El adjetivo mismo, “posible”, se define como que puede ser o suceder y lo “probable” se funda en razón prudente (prudencia no es sinónimo de temor o de inacción sino de minimizar el riesgo). Para tener una empresa original, forzosamente se necesita de un empresario que también lo sea. Es difícil calcular la probabilidad de crear otro Google pero ya tenemos la cifra que calcula la probabilidad de que cada uno de nosotros naciéramos tal y como somos.


Esta cifra es prácticamente cero pero más que desalentarnos, nos deberíamos emocionar porque implica que somos un milagro en el Universo. El autor del cálculo, Ali Binazir, nos aconseja también: “Un milagro es un evento tan improbable que resulta casi imposible que suceda. Ahora ve y siente y actúa como el milagro que eres”. Y espero que no sea un milagro que opines sobre este post.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Los pasos para iniciar una empresa

Hoy, como casi todos los días, me invitaron un café tres jóvenes emprendedores graduados en ingeniería para exponerme su proyecto de emprendimiento y a cambio, yo les plantearía algunas recomendaciones (es oportuno aclarar que mis honorarios por asesoría para los nuevos empresarios se cubren así, obsequiándome una taza de esta aromática y estimulante infusión).

Estas reuniones informales regularmente transcurren alrededor de una fabulosa, única y genial idea de negocio poco aterrizada pero eso sí, con una enorme dosis de pasión e ilusión de parte de los emprendedores. Desde que comencé a ofrecer mi tiempo a los nuevos empresarios, me propuse que mi papel y consejo siempre sean imparciales, objetivos y ante todo, honestos. Y en favor de la honestidad, procuro ser además directo. 
   
Con estos jóvenes quedé gratamente sorprendido porque su propuesta ya había pasado de una gran idea a la siguiente etapa: lleva tres meses de estar constituida su empresa ante notario público, ya tienen un contador y están presentando sus declaraciones de impuestos a la Secretaría de Hacienda. Claro, aún falta que esta empresa afine un “pequeño” detalle: vender.

Como reza el viejo refrán, lo cortés no quita lo valiente. Los emprendedores en cuestión se llevaron consigo algunos consejos muy puntuales sobre lo que podrían hacer para lograr ventas pero ante todo para organizarse primero, y después vender. Ése es el orden. Con menos entusiasmo que al inicio pero con mayor determinación, el grupo me aseguró que muy pronto nos volveremos a reunir ante un capuchino, alto, descafeinado y wet para revisar avances, y estoy seguro de que así será.

Yo permanecí unos minutos más en la cafetería en tanto terminaba con mi bebida y reflexionando sobre lo que desafortunadamente ocurre en los campus universitarios al asesorar de forma superficial a los estudiantes. Me explico.  Hace 25 o 30 años cuando se mencionaba la palabra emprendedor, era inevitable pensar en Henry Ford, Bill Gates o Steve Jobs (sí, ya sé que hoy es igual) como ejemplos vivientes de lo que se puede alcanzar con determinación (y un buen inversionista por supuesto).

Lo que también se ha consolidado con el tiempo es la percepción de que el verdadero emprendedor es capaz de introducir innovaciones que modifican profundamente algún área económica o la sociedad entera. Una enorme responsabilidad depositada en los hombros de un joven o jóvenes mexicanos que no cuentan con dinero, con una buena orientación y menos aún, con un inversionista.   

En la actualidad, las escuelas (a diferencia de lo que ocurría en los 80’s) proporcionan a los jóvenes enormes cantidades de información relacionada con el emprendimiento y la gestión empresarial. Es bastante común que un universitario pueda mencionar autores como Drucker, Kotler, Peters, Kaplan, Norton y más recientemente Osterwalder. La información está presente pero no así el análisis y la profundidad sobre estos temas obteniendo como resultado la ya mencionada pasión pero poca objetividad en los proyectos empresariales.

Gracias a esto, si se me permite el atrevimiento, hoy se está viviendo una especie de furor entre los jóvenes por el emprendimiento, muy similar al que vivieron sus contemporáneos en los 40’s por convertirse en científicos para seguir los pasos del ídolo del momento: Albert Einstein. Se persigue al personaje y no necesariamente a su obra. Los medios de comunicación, las aulas de clase, los políticos y los amigos cercanos promueven un ideal emprendedor sin entender cabalmente ni asumir todo lo que implica crear una empresa. Y ojalá que asumas opinar sobre este post.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El fracaso empresarial ¿una buena oportunidad?

Fracaso. Palabra que tiene connotaciones siempre negativas. La primera acepción que nos muestra la Real Academia Española nos dice que el fracaso es el "malogro, resultado adverso de una empresa o negocio". Y le suceden adjetivos como lastimoso, funesto y ruina. Ante tal escenario ¿podríamos pensar en el fracaso como algo positivo? Con un poco de paciencia, quizás.

El primer indicador nos dice que el fracaso es específicamente un resultado, por lo tanto predecible y prevenible. Un producto (y cualquier servicio) implican apegarse a un proceso y si éste se realiza de la forma correcta, se obtiene un resultado correcto, aunque cuando se trata de servicio podríamos hablar del siguiente axioma: El producto es el proceso y el proceso es el producto. Por lo tanto, podemos afirmar que si contamos con buenos procesos obtenemos buenos productos (o resultados).

Un segundo indicador nos sugiere que el fracaso se trata de una percepción, de un estado de ánimo y por lo mismo, dependiente de la circunstancia que lo rodea. Alguien que haya tenido muchos fracasos pero que hoy atraviese por una situación positiva, opinará positivamente sobre este tema (Joaquín Sabina en una canción presume que “y a los dos nos gusta el verbo fracasar”). En cambio una persona que se encuentre en medio de una situación adversa, probablemente tenga una opinión muy negativa acerca del fracaso. Ya tenemos los elementos básicos para vislumbrar el verdadero significado de lo que implica fracasar.

Todo proyecto o iniciativa busca alcanzar resultados positivos lo que además es bastante lógico. ¿Quién en su sano juicio emprendería una acción esperando un resultado negativo? Sin embargo, este pensamiento es demasiado optimista o hasta ingenuo. ¿Acaso al tomar el autobús no existe la posibilidad de que llegue retrasado a su destino? Al comprar un producto o contratar un servicio ¿tenemos la absoluta certeza de que no se presentará una falla o un incumplimiento? Por supuesto que no.

A esto se le llama precaución o prevención. Si estudio una carrera universitaria ¿es posible que a la mitad de la misma ya no cuente con los recursos para poder pagarla? Claro que sí. Y si la licenciatura queda trunca ¿será un fracaso? No, solo un alto en el camino siempre y cuando me haya anticipado a esta posibilidad. Si con el paso de los años sigo sin contar con el dinero que me permita pagarla y concluirla tal vez consideraré que fracasé académicamente, pero será una cuestión de enfoque.

Por lo tanto el fracaso no es un resultado sino un paso intermedio que nos lleva al análisis, la reflexión y posterior acción. Aprender del fracaso suena muy elocuente pero es inútil si nos pasamos la vida de fracaso en fracaso sin capitalizar ese aprendizaje. Un fracaso debería ayudarnos más que a filosofar, ante todo a actuar de manera diferente, por lo tanto nos debe inducir al cambio de plan, de estrategia.


Acéptalo de buena manera, el fracaso puede ser parte del camino hacia el éxito más no necesariamente es un requisito. El exdirector ejecutivo de Disney, Michael Eisner lo describe muy bien: “El fracaso es bueno mientras no se convierta en un hábito”. Todos podemos fracasar pero es solo una posibilidad y depende por completo de nuestras habilidades evitarlo, o aceptarlo. Y por supuesto acepto tus comentarios. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

El producto perfecto

Cuando comenzamos nuestro primer emprendimiento, es casi inevitable llegar a convencernos de que nuestro producto (aplica igual para un servicio) es simple y llanamente perfecto y que por fin el mundo entero podrá disfrutar de sus inigualables bondades (“¿Por qué me tardé tanto en poner en práctica mi idea?”). ¡Qué desperdicio de tiempo! ¿Verdad?

Tal es su perfección (del producto, claro está), que también estamos seguros de que la demanda en el mercado será enorme (“espero que tengamos en el almacén existencia suficiente”) y nuestra empresa comenzará un camino exitoso equiparable al de cualquiera de las marcas más reconocidas.

Ahora solo falta dar el siguiente paso, un “simple trámite”: vender. ¿Esto representa algún problema? Para nada. ¿Quién se negaría a comprar el producto perfecto? Solamente los despistados  y los ignorantes de la existencia de nuestra maravilla no lo harían. ¿El precio? Tampoco será un inconveniente, la gente paga lo que sea necesario cuando se trata de calidad.

Aquí termina la primera parte del cuento de hadas sobre ese primer emprendimiento, y comienza el recorrido por el bosque tenebroso en donde habitan seres maliciosos que esperan agazapados el momento de crearnos problemas. Aunque hay personas carentes de un sentido de la fantasía que prefieren afirmar que más bien chocamos de frente con la cruda realidad. ¿Por qué?

Porque a pesar de los excelentes comentarios recibidos de amigos, parientes, early adopters, miles de likes y personas bienintencionadas (“tu producto es fantástico”, “oye ¡por fin te animaste!”, “deberías venderlo más caro”) las ventas no repuntan sino al contrario, parecen estarse extinguiendo.   

Entonces ¿cuál fue la falla? Digamos que influyeron en el resultado varios factores pero mencionemos solo dos. La prisa, la urgencia por vender que nos impide detenernos un poco a reflexionar sobre lo que estamos haciendo (fabricando, ofreciendo, promoviendo) para validar si efectivamente el mercado lo aceptará. Y el exceso de optimismo de nuestra parte al ver las cifras de comentarios positivos, likes y visitas a  nuestro sitio, nuestras redes o nuestra tienda física.

Recordemos que durante la burbuja de las empresas punto com ocurrida en el 2000, los capitalistas de riesgo aprendieron de la manera más difícil que un sitio Web puede recibir literalmente millones de visitas y no vender gran cosa. En resumidas cuentas el error que cometemos al emprender tiene que ver con adelantar conclusiones.

Algunos autores de sobra conocidos como Eric Ries, Alexander Osterwalder y Steve Blank nos han insistido en que antes de lanzar un producto al mercado, y por lo tanto, antes de pasarlo a la cadena de producción, lo estructuremos como un Producto Mínimo Viable (PVM) para que podamos sensibilizarnos de lo que los clientes potenciales opinan de él, es decir, proponen que aprendamos del producto.


Debes asumir amigo emprendedor, que un producto por sí mismo no tienen ningún valor. El valor lo adquiere cuando va acompañado de un buen servicio, entendiendo éste como el equipo humano involucrado en la fabricación y entrega del producto, la atención que se brinda después de la compra (garantía, fidelización, soporte técnico) y el contacto permanente con el cliente para informarle sobre actualizaciones o nuevas propuestas. Así que te propongo agregar valor comentando este post.

martes, 15 de noviembre de 2016

La Propuesta de Valor en tu emprendimiento

En 2010 el suizo Alexander Osterwalder y Yves Pigneur publicaron su libro Generación de Modelos de Negocio (título original en inglés Business Model Generation: A Handbook For Visionaries, Game Changers, And Challengers) que marcó tendencia en la forma de ver la creación de nuevas empresas y se ha convertido en una especie de referente en el tema. Como buen éxito de librerías, su metodología CANVAS se utiliza, discute y aprovecha sobre todo en ambientes universitarios como si se tratara de un mantra.

Amigo lector, no es mi intención tratar de discutir si esta metodología es o no es, lo que se espera de ella. Más bien quisiera proponerte su uso de manera más específica enfocándonos solo en una parte del lienzo, aquella que en mi opinión personal es la esencia misma que la convierte en una herramienta de análisis de gran utilidad. Me refiero específicamente a tres de los nueve elementos que plantea la plantilla (lienzo): Propuesta de Valor, Segmento de Clientes y Relación con el Cliente.

Cuatro años después salió a la luz el segundo libro, “La propuesta de valor”, en una clara propuesta para concentrar nuestra atención en este concepto por sobre los demás apartados del famoso CANVAS, convirtiéndolo en el eje central de la metodología. Afortunadamente ambas obras son de licencia creative commons 3.0 lo que nos permite compartirla y adaptarla siempre y cuando respetemos la autoría original. Para su inclusión dentro de un software es necesario el permiso de los autores.

Hechas las aclaraciones respectivas, te propongo que analices en tu emprendimiento los segmentos ya mencionados a los que podríamos llamar si me lo permites, CANVAS Básico, entendiendo que como vas comenzando, tu idea de negocio no implica la creación de una empresa formal y completa como tal, sino el ofrecimiento de un servicio o producto de manera personal, un autoempleo. Cuando logres consolidarte en el mercado, tendrás seguramente elementos de peso para completar el CANVAS de manera más profunda.

Propuesta de Valor. Si quieres que tu posible cliente elija tus servicios o productos y no los de la competencia, dedica tiempo a reflexionar y analizar cuáles son tus habilidades o competencias que te distinguen de los demás.

Hablando del servicio describe  aquello en lo que verdaderamente te desempeñas muy bien evitando centrarte en las cosas intangibles y difíciles de medir, como que eres amable, que siempre sonríes o que eres puntual. Mejor céntrate en tus capacidades para resolver problemas (del cliente por supuesto) o tu forma de motivar a la gente para que logren un cambio.

En lo referente a tu producto lo mejor será que describas las características específicas relacionadas con su utilidad práctica y cómo su uso puede generar beneficios, reducir riesgos y mejorar la vida de quien lo compre.   

Segmento de Clientes. Es muy fácil (y equivocado) llegar a la conclusión de que nuestro producto o servicio puede atender las necesidades de cualquier persona, edad, sexo y condición económica. En la realidad no es posible atender a todo el mundo (“querer ser todo para todos, lo convierte en nada para nadie”) y menos aún desde que la segmentación se ha especializado tanto con el uso de la tecnología y de la respuesta inmediata en las Redes.

Es mejor que elijas un segmento del mercado mucho más específico y delimitado para que puedas atenderlo de manera eficiente lo que también te facilita la logística. Por ejemplo, hombres profesionistas mayores de 30 años  con un poder adquisitivo medio (puedes encontrar información de primera mano sobre los niveles socioeconómicos aquí). 

Relación con el Cliente. Es típico que un vendedor de seguros te busque solo cuando tu póliza está a punto de vencer, aunque hay algunas excepciones de quienes están al pendiente de ti de manera frecuente. ¿Cómo desearías que te atendieran? ¿Cómo crees que deba ser la relación proveedor-cliente? ¿Crees que esta relación pueda ofrecer algo más que solo vender y pagar por lo comprado? Entonces define de manera innovadora y creativa cómo va a ser tu trato con quienes compren tu producto o servicio.


Lo más importante al momento de elaborar el CANVAS de tu emprendimiento, no es la plantilla en sí con sus nueve segmentos debidamente explicados sino ponerlos a prueba. Se trata de salir a la calle y probar qué tan realista es nuestra teoría con respecto a nuestro producto y el mercado elegido. Y si descubrimos inconsistencias entre lo propuesto y la realidad, simplemente pivotar. Y por supuesto, seguir opinando sobre este post.  

viernes, 11 de noviembre de 2016

El empresario heroico

El adjetivo se toma prestado del libro “Ensayos de Tecnodicea”, escrito por el filósofo español Manuel Luna Alcoba y en donde nos habla del heroico inventor afirmando que “resulta muy habitual, a la hora de racionalizar la historia de la tecnología o a la hora de hacer filosofía, aislar la aparición de una tecnología de su contexto. Es entonces cuando surge la figura del inventor. El inventor es un individuo noble y heroico que, luchando contra las adversidades, logra una patente que cambiará el mundo”.

Y si de conceptos idealistas se trata, es todavía más descriptiva la definición contenida en el  Diccionario de la creatividad. Ricardo López Pérez (2001) que reza “[…] los inventos surgen plenamente desarrollados de la mente de una persona excepcional. Se trata de un aporte que directamente surge del gesto solitario de seres superiores, que no dependen del patrimonio de su época, del saber acumulado, de procesos sostenidos, ni de las influencias de otras personas”.

¿Verdad que estas afirmaciones resultan aleccionadoras, y hasta provocativas? ¡Quién no desearía convertirse en inventor después de leerlas! Sin embargo amigo lector, si reflexionaste con detenimiento y suficiente crítica, habrás descubierto que los inventores en la vida real ¡no son así! Para que una innovación salga al mercado es necesaria la integración de varios factores interrelacionados entre sí como el mercado, los recursos financieros, la industria, las regulaciones gubernamentales, los investigadores, las relaciones públicas, la disponibilidad tecnológica…

Es así como podemos asumir que no existe ese  inventor heroico encerrado en su laboratorio y alejado del materialista mundo empresarial. El inventor necesita ser también un hombre de negocios  que se mantenga al tanto de lo que sucede en su industria, cuidando sus invenciones mediante el registro de patentes y beneficiándose de ellas a través de su explotación, su venta o licenciándolas.

Ahora pasemos de lo inventivo a lo empresarial, en donde el mito se construye alrededor del empresario heroico. Ese personaje que al igual que el inventor, gesta en su mente prodigiosa una idea de negocio innovadora (un producto, un servicio, un concepto) y sin más recursos que su propia iniciativa, se juega el todo por el todo para construir su empresa, generar empleos y contribuir al desarrollo de la sociedad que lo cobija.

Que existan los mitos no tiene mayor relevancia, salvo que el empresario se los crea. Es ahí cuando surgen los problemas. Si un empresario que cuenta con un emprendimiento de reciente creación y un relativo de éxito empresarial se siente motivado a equiparar su historia con la de Bill Gates, Howard Schultz o Richard Branson, seguramente necesita informarse un poco más y también esperar otro poco más. Estas historias llevan acumuladas al menos cuatro décadas de aciertos, desencuentros, errores, dudas, desvelos, litigios, competencia feroz y también satisfacciones.


Cada uno de estos “héroes” aprendió en carne propia lo que implica correr riesgos desmesurados, creer que su producto es infalible y el costo de no tomar en cuenta la opinión de sus colaboradores cercanos. El consejo final. No te consideres un empresario heroico a menos que sepas lo que esto significa. Y heroicamente comenta sobre este post. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Qué negocio emprender? No cualquiera.

Una de las leyendas urbanas más populares en cuanto al emprendimiento, es la relacionada con la elección del mejor negocio que puedes comenzar en tu “primera vez”. Se afirma que si queremos iniciar un negocio “seguro”, éste deberá relacionarse con los alimentos ya que todas las personas comemos lo que garantiza un mercado de consumidores gigantesco. ¿Quién no come?

No podemos negar que este planteamiento presenta una reflexión aparentemente lógica, pero las reflexiones también pueden ser filosóficas y no necesariamente realistas. ¿Disponemos de algún tipo de información que nos permita tomar decisiones más acertadas con nuestro emprendimiento? Sí, aunque no tan detallada como quisiéramos.

En el caso de México se puede consultar en dependencias de gobierno municipales la cantidad de licencias de giros comerciales expedidas, particularmente las relacionadas con lo que se conoce como puestos semifijos y ambulantes, con la novedad de que efectivamente entre un 75 y 80 por ciento de dichas licencias tienen que ver con la venta de comida, mayoritariamente tacos en todas sus modalidades.

Y aquí una primera reflexión (no filosófica claro). El hecho de que la mayoría de los emprendedores busca comenzar negocios de comida solo nos habla de sus preferencias, no de la efectividad de su elección –la mayoría de la gente elige no hacer ejercicio y esto no es necesariamente efectivo para la salud–. Además, los negocios ambulantes son lo que se denomina el sector informal que el Instituto de Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) define como: “Todas aquellas actividades económicas de mercado que operan a partir de los recursos de los hogares, pero sin constituirse como empresas con una situación identificable e independiente de esos hogares”.

Dicho de otra forma, un negocio ambulante no lleva una contabilidad que le permita separar el patrimonio del hogar y el del negocio mismo, por lo que es poco probable que pague impuestos o que realice trámites ante autoridades de gobierno, lo que impide contar con información estadística suficiente para determinar qué tan exitosa es su actividad y si ésta permanecerá con el paso del tiempo. Como podemos apreciar, la probabilidad del éxito empresarial no aumenta con la elección de un determinado giro comercial sino con una adecuada gestión del negocio en cuestión.

Dato curioso. En Estados Unidos la comida mexicana ocupa el tercer puesto dentro de las preferencias de los comensales norteamericanos –sin distinción de origen étnico, no solo los mexicanos consumen comida mexicana–. El 50 por ciento de ese mercado lo dominan las empresas Taco Bell (40%) y Chipotle Mexican (10%) aunque quienes fundaron estas empresas no son de origen mexicano y sus tortillas (para los tacos por supuesto) son primordialmente de harina de trigo, no de maíz, pues su mercado es anglosajón.

El espíritu empresarial bien aplicado, apoyado en la toma de decisiones fundamentadas, ayuda a que los emprendimientos no fracasen y se logre un beneficio adicional: la creación de los empleos que necesitan especialmente los jóvenes. Emprender no es solo cuestión de ganas. También implica informarse y reflexionar seriamente sin dejarte llevar por lo que cuentan las leyendas, por más maravillosas y románticas que parezcan. Eso sí, déjate llevar por lo que te pereció este post y envíame tus comentarios.


sábado, 29 de octubre de 2016

¿Futuro empresario? ¡Capacítate!

Si en verdad quieres dejar de buscar empleo para convertirte en empresario, es indispensable que obtengas una verdadera instrucción empresarial entendiendo que ésta es muy distinta de tu formación profesional y que exige la inmediata puesta en práctica del conocimiento adquirido. Cada nuevo emprendimiento garantiza la creación de al menos un nuevo empleo (el tuyo) y si dicho emprendimiento se fortalece, permitirá crear un empleo adicional. No existe una forma más efectiva, práctica y rápida para propiciar el nacimiento de puestos de trabajo.

Para crear tu propia empresa no bastará con que recibas  un curso “intensivo” de emprendurismo porque podrías crearte falsas expectativas y éstas te llevarán a un inminente fracaso empresarial. ¿Sabías que la gran mayoría de los emprendedores que reciben capacitación para iniciar una empresa, nunca la ponen en marcha?

Como futuro empresario o empresaria, debes buscar orientación adecuada, por ejemplo la relacionada con las diferentes modalidades para cumplir con tus obligaciones tributarias y legales (entiéndase pago de impuestos). Existe una idea generalizada que relaciona de manera natural a la microempresa (aquella que tiene 10 trabajadores o menos) con la informalidad. Esta concepción encierra algo de verdad ya que nuestra sociedad nos ha formado dentro de un ambiente de ilegalidad: no respetar las luces rojas del semáforo, no aceptar las multas, no pagar nuestros impuestos…

Una pequeña empresa nace de la iniciativa de una persona, de un emprendedor, de ti. Y seguramente como tal adoleces de los conocimientos teóricos y prácticos mínimos indispensables para comenzar con esa actividad productiva (o de servicios). No sabes vender, ni cobrar, ni atender a un cliente. No conoces los principios más elementales de gestión de la calidad necesarios para producir un producto o un servicio de manera eficiente. Esto aplica también para tu gestión empresarial pues desconoces los temas financieros, fiscales y laborales que te permitirían entender mejor tu futuro negocio y cumplir adecuadamente entre otras cosas con las autoridades hacendarias y laborales.

Para que puedas construir una buena empresa (también las hay muy malas), deberás dejar de pensar y actuar como empleado pues ya no lo serás. Te habrás convertido en patrón lo que implica que realices un enorme esfuerzo por cambiar tu forma de ver el mundo. De la misma manera que un joven egresado de la universidad, y que no puso suficiente esmero en sus estudios tendrá que abrirse camino profesionalmente con mayores complicaciones, un nuevo empresario que no cuente con la preparación suficiente se expone a sufrir incontables descalabros. 

Si logras como emprendedor recibir una formación y especialización con base en las competencias clave empresariales, serás capaz de usar un amplio rango de herramientas para interactuar efectivamente con el entorno, podrás comunicarte con los demás, serás capaz de tomar la responsabilidad de manejar tu propia vida y de actuar de manera autónoma, por lo que es altamente aconsejable que las competencias emprendedoras que adquieras las lleves a la práctica sin vacilar para constatar su utilidad. Práctica es la clave para transformarte en un excelente empresario.

Evita en lo posible los programas emprendedores que cuidan en exceso a sus participantes, o quizás los descuidan creando alrededor de ellos un entorno tranquilo, sencillo y sin presiones, similar al del ambiente estudiantil cotidiano. En esos lugares, quienes forman a los emprendedores los tratan como alumnos, y éstos se comportan como tales, creando una relación semejante a la de una familia. 

Pero hasta en las mejores familias el sobre proteccionismo es dañino pues no permite el crecimiento  ni el desarrollo del individuo. Busca espacios que te empujen, te presionen, te motiven a arriesgarte pero eso sí, sin dejar de acompañarte.

¿Te atrae el reto del emprendimiento? ¿Cómo puedes comenzar? Es un tema apasionante que abordaremos en otra ocasión, mientras tanto ¿qué te parece si comentas sobre este post?


viernes, 21 de octubre de 2016

¿Empleado o empresario? Esta siempre es la cuestión

Hace algunos años afirmé que la gran mayoría de las personas en algún momento de su vida han deseado o desean convertirse en empresarios. Hoy no me atrevería a asegurarlo de nueva cuenta porque para bien o para mal, el espíritu emprendedor en realidad es escaso en nuestra sociedad.

¿Qué prefieres tú, amigo lector, contar con un empleo “seguro” o lanzarte como un buen aventurero a la caza de fama y fortuna mediante la puesta en marcha de un emprendimiento? Mi pregunta no es un tema banal ya que el iniciar cualquier proyecto productivo (se producen cosas y servicios y se comercia con ellos) implica la conjunción de algunos factores y desechar ideas románticas sobre el quehacer empresarial, la mayoría de las veces bastante equivocadas.

Describir lo que es un empleado no tiene mayor complejidad ya que casi todos lo hemos sido, pero cuando hablamos de ser empresarios ya no es tan sencillo porque existen algunas "modalidades" a considerar. Te invito a que comencemos precisamente por distinguir entre el autoempleado (o autónomo) y el empresario. 

El Director Regional Adjunto de la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe, Virgilio Levaggi, explica que «el empleo es definido como "trabajo efectuado a cambio de pago (salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie)" sin importar la relación de dependencia».

La Real Academia Española nos dice que un empresario es el “titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa”. Y sobre ésta última, la empresa, podemos afirmar que se trata de una “unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos”.

Por lo tanto, te propongo que mientras no cuentes con una organización, es decir, con un conjunto formado por al menos dos personas (tú como propietario más un empleado) estaremos hablando de autoempleo. Cuando cuentes con la capacidad y/o necesidad de contratar a un empleado asalariado, entonces dejarás de ser autoempleado para convertirte en empresario.

El autoempleo es una excelente oportunidad tanto de obtener un mejor ingreso como de ocuparse en una actividad acorde con tus expectativas profesionales y competencias personales, pero no debes confundirlo con otras modalidades de trabajo. Las empresas dedicadas a la venta directa, es decir, ventas que se realizan de persona a persona, utilizan argumentos como “autoempleo”, “trabajo por cuenta propia”, “ser tu propio jefe” y frases similares para afiliar personas, pero en realidad lo que buscan son vendedores de productos o servicios que no impliquen relaciones de trabajo contractuales (seguridad social, vacaciones pagadas, días de descanso, etc.).

Si tienes el interés por trabajar de manera independiente, es muy importante que distingas claramente que para autoemplearse o crear una empresa, se requieren esfuerzos y enfoques distintos. Primero autoempleo, luego la empresa. 

Un proyecto empresarial que comience generando un primer empleo (el del mismo emprendedor), permite la formación de cimientos sólidos y un crecimiento orgánico. Es común que al principio los empresarios tengan temor de vender, de hacer llamadas a posibles clientes, de cobrar por el producto o servicio entregado, de dar órdenes a sus subordinados o de llamarles la atención. Incluso son temerosos de tomar decisiones. Parte de la formación empresarial inicial que consigas, debe implicar que adquieras las habilidades o competencias mencionadas y con la práctica llegues a dominarlas.


Un segundo paso puede ser la contratación del primer empleado, mismo que recibirá una inducción y capacitación adecuadas derivadas de tu propia experiencia como emprendedor. Es en este momento en el que ya se puede hablar de una verdadera empresa, cuando hayas creado empleo para otros. ¿Qué tipo de empresa podrías comenzar? Es un buen tema para otro post pero no dejes de comentar sobre éste.